Fui al velorio de una guagua que había fallecido antes de los dos años en un accidente. No la conocí en vida. Tampoco conocía a la mamita y al papá lo había visto una sola vez. Pero me fue imposible llenarme de amargura y llegar casi a las lágrimas, al ver la triste escena de globos y juguetes acompañando un pequeño cajón.
Es el dolor más grande, sin duda.
Es el dolor más grande, sin duda.